PAISAJES IGNOTOS

El paisaje de las cuencas mineras de Cartagena y La Unión se ha ido configurando como consecuencia del dilatado proceso histórico de explotación de sus yacimientos  mineros de plomo, plata y otros minerales, desde los remotos tiempos de dominio cartaginés y romano. La mayor transformación acontece durante la segunda mitad del siglo XX cuando se generalizó la minería a cielo abierto que propició inmensos movimientos de tierras que ocasionaron un gran impacto medioambiental; llevando a la desaparición de extensas zonas de terrenos convirtiéndolos en paisajes yermos con formas y colores que podrían ser de otros mundos. Junto a ellos, conviven un valioso patrimonio industrial como: castilletes, pozos, casas de máquinas, chimeneas, molinos de trituración, polvorines, hornos de fundición, lavaderos de mineral, infraestructuras ferroviarias mineras…, en un estado de conservación ruinoso que nos transportan a otras épocas.

Cuando fotografiamos un paisaje podemos captarlo de dos modos, el primero, tal como lo ven nuestros ojos, pulsar el disparador y capturar un fiel reflejo de la realidad; el otro, sería saltando la línea de la realidad para pasar al mundo de lo invisible al ojo al que se accede a través de los bajos fondos del subconsciente; lo que podríamos definir como el paisaje con alma, construido a partir de emociones y sentimientos: el mundo oculto de lo abstracto.

Paisajes Ignotos es un recorrido por los territorios de la Sierra Minera que pasan desapercibidos a la vista del espectador, aunque están bajo nuestros pies.  Para ello, me valgo de imágenes cercanas a la abstracción, sin tratamientos que modifiquen su composición, capaces de trasportarnos a universos desconocidos, misteriosos e inquietantes, donde habita lo fantástico y lo imaginario y donde el color juega un importante papel, configurando atmósferas que en unos casos evocan formas reales y en otros se disuelven en un sueño irreal. Una mirada llena de contrastes y simbología.

Por otro lado, muestro los misterios o enigmas que esconden en sus texturas, colores, óxidos, vetas, grafías… las piedras de estos espacios, haciendo una invitación al observador a desentrañar desde el silencio las metáforas que esconden.  Escuchen la voz de las piedras, pues como decía el gran poeta guatemalteco Humberto Ak´Abal: no es que las piedras sean mudas, solo guardan silencio y yo añadiría que si las sabemos escuchar nos pueden llegar a contar la génesis y evolución de estos paisajes ignotos.




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